LA COMPETENCIA EMOCIONAL Y SU MANEJO EN EL TRATAMIENTO EDUCATIVO DE LA DIVERSIDAD CULTURAL

Autora: Patricia Calderón Parra

          La importancia de la educación emocional está cada vez más divulgada, ya que está del todo comprobado que un altísimo coeficiente intelectual no es una garantía de éxito personal y social, ni tampoco de satisfacción y felicidad.

          Gardner (1995) propone la teoría de las inteligencias múltiples, donde propugna que las competencias cognitivas se encuentran mejor descritas en términos de un conjunto de habilidades. Según esta teoría, se podrían distinguir siete inteligencias; de estas, en lo referente al ámbito emocional, debemos destacar la inteligencia interpersonal (que nos permite comprender y trabajar con las otras) y la inteligencia intrapersonal (que nos permite comprendernos y estar bien con nosotros mismos).

          Las aportaciones anteriores parecen indicar que hay un elevado interés en que la educación emocional forme parte de la práctica educativa, ya que puede contribuir a facilitar una estructuración de la sociedad que posibilite un mundo más inteligente y más feliz

          A Goleman le debemos la incorporación del concepto inteligencia emocional. Este concepto tiene un significado muy amplio, ya que incluye la capacidad de motivarse y de seguir adelante a pesar de las frustraciones, de controlar los impulsos y aplazar las gratificaciones, de regular los estados de ánimo y de evitar que las desgracias nos impidan la posibilidad de pensar y desarrollar empatía y esperanza.