ORIENTACIONES PARA MEJORAR LA MOTRICIDAD FINA DESDE EL AULA DE PEDAGOGÍA TERAPÉUTICA

Autora: Mª Ángeles Cortés Bernabé

         El recién nacido solo controla la boca por el reflejo de succión y los ojos cuando contempla objetos grandes y luminosos. La mayor parte del tiempo permanece dormido o realiza movimientos desorganizados hasta que se va dando un control progresivo de la conducta, que culmina en la marcha independiente.

         Si nos basamos en el Desarrollo Neurobiológico, nos daremos cuenta que al nacer el bebé dispone de reflejos primarios que son:

-         el reflejo de succión

-         el reflejo de grasping (cuando un objeto roza la palma de la mano del niño la cierra con fuerza)

-         el reflejo del moro (abren los brazos y los cierran cuando la cabeza se echa hacia atrás)

-         y el reflejo de la marcha (si se sujeta al niño por debajo de las axilas, este flexiona las piernas como si quisiera caminar).

        Estos reflejos constituyen un índice del desarrollo y de madurez neurológica.

          El desarrollo motriz es una de las adquisiciones más importantes en el desarrollo de los niños de 0 a 5 años. Este está marcado por las leyes céfalo – caudal (se va adquiriendo el control motriz desde la cabeza hasta las extremidades), la próximo – distal (se va adquiriendo el control motriz desde el eje central del cuerpo) y la diferenciación progresiva (controlando primero la motricidad gruesa para controlar después la motricidad fina).